martes, 28 de abril de 2009

¿Y Ahora Que ?


Los últimos meses se han dado conmovedoras liberaciones de secuestrados por parte de las FARC, acciones consideradas ‘señas de buena voluntad‘, con las que las FARC pretenden significar su disposición para negociar el intercambio humanitario y mejorar su imagen corporativa que se ha visto perjudicada significativamente en los últimos años. Los primeros liberados fueron el soldado William Domínguez y los policías Juan Fernando Galicio, José Walter Lozano y Alexis Torres Zapata; que fueron puestos en libertad el 2 de febrero gracias a la intervención de la senadora Piedad Córdoba, que a pesar de ser odiada por los uribistas y medios de comunicación, es siempre cordialmente invitada por éstos cuando hay liberaciones de por medio. Después de estas liberaciones, siguieron la de Alan Jara y Sigifredo Lopez, el único de los once diputados que quedo con vida y con el que se dio cierre a los secuestrados políticos que tenía en su poder las FARC.
Entre todos los ex secuestrados que han declaro hasta ahora después de recobrar su libertad, Alan Jara es el que ha dado las declaraciones más lúcidas, dejando claro la conveniencia del conflicto armado para el gobierno y la guerrilla. Es claro que la política de Álvaro Uribe se basa en la seguridad democrática lo que le ha dado una gran acogida y fama en el pueblo colombiano y que ésta no se podría llevar a cabo si las FARC no continuaran con su accionar militar. Por otro lado están las FARC, que ven en la represión ejercida por el gobierno la mayor fuente de ingredientes revolucionarios, que les permiten inducir con mayor facilidad a revolucionarios radicales interesados en defender al mundo para unirlos a sus filas. Es una tierna guerra e interdependencia entre dos bandos. Y sobra cualquier referencia al comercio de la droga, que es el incentiva a ambos bandos para continuar esta lucha armada.
Donde Los medios de comunicación se han encargado de crear con el tiempo un fanatismo hacia el gobierno que se basa en el desprecio que muchos colombianos sienten hacia las FARC, uniéndolos bajo un supuesto patriotismo a cuanto resentido tenga la ira y la estupidez suficientes como para apoyar la guerra sin darse cuenta cual es el verdadero problema. Las guerrillas con el transcurrir de la historia siempre ha sido la herramienta usada para que los gobiernos puedan hacer de las suyas, la ilusión de acabar la subversión armada ha sido un gancho ancestral para que todo candidato mueva al país a su antojo, suscitando y convocando el resentimiento nacional. Por su parte, el gobierno con sus políticas de represión, su paranoia terrorista y su atrevida forma de creernos a todos ignorantes y exclamárnoslo por televisión, ha generado constantes generaciones de esnobistas rebeldes dispuestos a dar la vida por la patria que odian, persiguiendo esa alucinación de poder a través del único camino que creen abierto: la misma ira e ignorancia suficiente como para apoyar la guerra.
Y como todo lo anterior lo sabemos todos, el nuevo mandato es dejarnos de guerra y caminar todos tomados de la mano hacia la paz. Y parece muy lindo como un cuento de hadas, pero la paz es una empresa que requiere menos ira, menos resentimiento, menos fanatismo y más criterio, pero lo más difícil: es dejar de lado la guerra como la única elección. Y me cuestiono que pasara después de que terminen de liberar a los secuestrados, que excusa tendrá el gobierno para continuar con su campaña, de “seguridad democrática”.

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